
Los productos estructurados suelen ser tema de conversación entre los ahorradores y los asesores de gestión patrimonial. A veces se presentan como una solución inteligente para dinamizar un seguro de vida y otras veces se critican por su complejidad, por lo que merecen una valoración matizada. Este artículo ofrece una visión imparcial de su funcionamiento, sus ventajas reales, sus limitaciones y los perfiles de inversores a los que van dirigidos.
Un producto estructurado es una inversión financiera creada por un emisor (normalmente un banco) que combina un componente de renta fija y un derivado indexado a un activo subyacente: un índice bursátil, una cesta de acciones, un tipo de interés, etc. Desde el momento de su emisión, el producto establece un nivel de referencia inicial, un plazo de vigencia, fechas de liquidación anuales, un umbral de amortización anticipada, un cupón potencial y un nivel de protección del capital.
Cada año, en la fecha de evaluación, el rendimiento del subyacente se compara con su nivel inicial. Si supera el umbral de rescate, el producto se reembolsa automáticamente junto con el cupón. De lo contrario, se mantiene hasta la siguiente fecha, hasta el vencimiento final, en el que el reembolso depende del nivel del subyacente en relación con la barrera de protección.
Hay varias ventajas que explican el creciente interés por estas inversiones financieras:
Una visión equilibrada de los productos estructurados implica también señalar sus limitaciones:
Ninguna de las dos cosas. Un producto estructurado no es una inversión «milagrosa» que ofrezca una alta rentabilidad sin riesgo: se trata de un compromiso, con normas precisas y un riesgo de pérdida de capital muy real más allá de un determinado umbral. Por el contrario, calificarlo de inversión peligrosa sería excesivo: los productos con capital garantizado, por ejemplo, ofrecen una seguridad comparable a la de un bono del Estado de calidad equivalente.
Lo fundamental es comprender que la rentabilidad depende íntegramente de la evolución del activo subyacente elegido, y que la promesa de rentabilidad nunca está garantizada mientras el capital no esté protegido al 100 %.
La integración de productos estructurados en un contrato de seguro de vida, en unidades de cuenta, es una de las prácticas más habituales en la gestión patrimonial. Esta combinación presenta varias ventajas:
No obstante, conviene comprobar que el contrato de seguro de vida ofrezca productos estructurados de calidad, emitidos por entidades sólidas, y no concentrar la totalidad de los ahorros únicamente en este instrumento.
Los productos estructurados son especialmente adecuados para:
Sin embargo, no son tan adecuados para los perfiles muy conservadores que no toleran ninguna pérdida de capital, ni para los inversores que necesitan liquidez inmediata de sus ahorros.
Los asesores de gestión patrimonial suelen coincidir en algunas recomendaciones:
Las opiniones sobre los productos estructurados coinciden en una conclusión matizada: no son ni inversiones milagrosas ni productos que deban evitarse sistemáticamente. Si se eligen y se comprenden adecuadamente, pueden constituir una herramienta de diversificación pertinente, especialmente en el marco de un contrato de seguro de vida, para inversores dispuestos a aceptar un riesgo controlado a cambio de un potencial de rentabilidad superior al de los fondos en euros. La clave sigue siendo un análisis riguroso del producto, del emisor y de su adecuación al perfil de inversor de cada uno.
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Están dirigidos principalmente a inversores con experiencia, con un horizonte de inversión de entre 4 y 10 años, que busquen un equilibrio entre seguridad y rentabilidad, y que sean capaces de comprender los mecanismos de barrera y de recuperación antes de comprometerse.
Las principales limitaciones son el riesgo de pérdida de capital más allá de la barrera de protección, el riesgo de crédito asociado al emisor, la escasa liquidez antes del vencimiento y la complejidad del mecanismo, que requiere un buen conocimiento del mismo antes de invertir.
Las principales ventajas son una rentabilidad potencial superior a la de los fondos en euros, una protección del capital total o condicional, según el producto, una claridad sobre las normas de rentabilidad desde el momento de la suscripción y un mecanismo de rescate anticipado que permite asegurar la rentabilidad antes del vencimiento final.
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