
¿Quieres invertir en el sector inmobiliario sin comprar directamente un piso o un local comercial? Las SCPI pueden ser una solución a tener en cuenta. Detrás de este acrónimo se esconde una inversión inmobiliaria colectiva que permite acceder a una cartera de activos diversificada gestionada por profesionales. Aunque durante mucho tiempo estuvieron reservadas a inversores experimentados, las SCPI atraen hoy en día a un público más amplio gracias a una inversión inicial asequible y a su sencillez de funcionamiento.
¿Qué es exactamente una SCPI? ¿Cómo funciona este tipo de inversión? ¿Cuáles son sus ventajas y sus limitaciones? En esta guía descubrirás todo lo que necesitas saber antes de invertir.
Una SCPI, o Sociedad Civil de Inversión Inmobiliaria, es un fondo de inversión colectiva que permite invertir indirectamente en el sector inmobiliario, de ahí su apodo de «piedra de papel ». Los inversores adquieren participaciones cuyos fondos se destinan a financiar un parque inmobiliario compuesto, entre otros, por oficinas, locales comerciales, almacenes logísticos o centros sanitarios. A cambio, los socios perciben una parte de los ingresos generados por los alquileres. De este modo, la SCPI ofrece un acceso simplificado a la inversión inmobiliaria gracias a una gestión encomendada a profesionales.
El funcionamiento de una SCPI se basa en un principio sencillo: poner en común los ahorros de numerosos inversores con el fin de adquirir y gestionar una cartera diversificada de activos inmobiliarios.
El primer paso consiste en recaudar fondos entre los inversores. Para ello, cada inversor suscribe un determinado número de participaciones en función de su presupuesto y sus objetivos patrimoniales. La inversión mínima varía de una SCPI a otra (desde 100 € hasta varios miles de euros), lo que permite invertir con una cantidad inferior a la necesaria para adquirir un inmueble directamente.
A continuación, los fondos recaudados se invierten en diversos activos inmobiliarios. La sociedad gestora se encarga de seleccionar los inmuebles, negociar las adquisiciones y dirigir la estrategia de inversión. Además, esta última se ocupa de todas las tareas relacionadas con la gestión de los activos inmobiliarios:
Por lo tanto, el inversor no tiene que ocuparse de ninguna gestión operativa.
Los alquileres percibidos por la SCPI, una vez deducidos los gastos y los costes de gestión, se reparten entre los socios, normalmente cada trimestre, en forma de dividendos.
La cantidad que se distribuye depende, entre otras cosas, de:
Todas las SCPI se basan en el mismo principio de funcionamiento, pero no persiguen necesariamente los mismos objetivos. En función de su estrategia de inversión, pueden dar prioridad al reparto de ingresos, a la revalorización del patrimonio o incluso a la búsqueda de ventajas fiscales.
Las SCPI de rendimiento son, en la actualidad, las más extendidas en el mercado. Su objetivo principal es generar ingresos potenciales regulares mediante la explotación de un parque inmobiliario alquilado, invertido en su mayor parte en inmuebles comerciales:
Los alquileres cobrados a los inquilinos se redistribuyen posteriormente entre los socios (una vez deducidos los gastos) en forma de dividendos.
Las SCPI fiscales tienen una finalidad diferente. Su objetivo consiste, ante todo, en permitir a los inversores beneficiarse de determinados regímenes fiscales previstos por la normativa. En función de su estrategia, invierten en viviendas o inmuebles que cumplen los requisitos para acogerse a determinados regímenes fiscales, como el déficit inmobiliario o la Ley Malraux. Estos mecanismos permiten, en particular, reducir los impuestos a cambio de operaciones de renovación o restauración de inmuebles antiguos.
La ventaja fiscal constituye, por tanto, un elemento fundamental del rendimiento global de la inversión. A cambio, estas SCPI implican un periodo de tenencia relativamente largo (entre 9 y 15 años).
Las SCPI de plusvalía, también denominadas SCPI de capitalización, se centran en la revalorización del patrimonio inmobiliario a lo largo del tiempo. En definitiva, en lugar de buscar una elevada distribución de ingresos inmediatos, seleccionan activos que presentan un importante potencial de revalorización en el futuro. El objetivo es, por tanto, crear valor a largo plazo gracias a la evolución del mercado inmobiliario y a las operaciones de gestión llevadas a cabo en los inmuebles de su cartera.
Más allá de su estrategia de inversión, las SCPI también se distinguen por su modo de funcionamiento.
Se distinguen dos tipos:
Las SCPI atraen a numerosos ahorradores, ya que permiten acceder al mercado inmobiliario de una forma más sencilla y flexible que la compra tradicional de una vivienda.
Una de las principales ventajas de las SCPI es la delegación total de la gestión. A diferencia de un propietario que alquila su vivienda, el inversor no tiene que:
Todas estas tareas corren a cargo de la sociedad gestora.
La compra directa de un piso o un local comercial limita al inversor a un número reducido de inmuebles y arrendatarios. Por el contrario, una SCPI puede poseer varias decenas, o incluso varios cientos, de activos, distribuidos de la siguiente manera:
Esta diversificación contribuye a repartir los riesgos.
Las SCPI permiten invertir a partir de importes más asequibles que la compra directa de un inmueble.
Los activos inmobiliarios son seleccionados y gestionados por equipos especializados con amplia experiencia en el mercado inmobiliario. Esta gestión profesional supone una ventaja para los inversores que desean invertir en el sector inmobiliario sin tener que encargarse ellos mismos de su gestión.
Invertir en un SCPI o comprar un inmueble directamente permite, en ambos casos, participar en el mercado inmobiliario. Sin embargo, estas dos soluciones presentan características muy diferentes.
En una inversión inmobiliaria convencional, el propietario debe ocuparse de numerosos trámites administrativos y técnicos (obras, selección del inquilino, estrategia patrimonial o reventa). Además, asume por sí solo los riesgos relacionados con la desocupación de la vivienda o el impago del alquiler. Por el contrario, la SCPI permite delegar todas estas tareas a profesionales.
Un inversor que adquiere un piso directamente sigue expuesto a un único inmueble y a un mercado local. Por el contrario, una SCPI distribuye sus inversiones entre varios activos, sectores de actividad y zonas geográficas, lo que favorece una mayor diversificación.
Al igual que cualquier inversión, los SCPI conllevan riesgos que es importante conocer antes de suscribirlos. Aunque permiten diversificar los riesgos gracias a la variedad de activos que mantienen, no garantizan ni el capital invertido ni los rendimientos distribuidos.
La inversión en SCPI está directamente relacionada con la evolución del mercado inmobiliario. En caso de que disminuya el valor de los activos en cartera, el precio de las participaciones puede bajar. En ese caso, el inversor puede sufrir una pérdida de capital al revender sus participaciones.
A diferencia de algunas inversiones financieras, las participaciones en una SCPI no siempre pueden revenderse de forma inmediata. La reventa depende de la existencia de compradores o del mecanismo de reembolso previsto por la SCPI. En determinadas condiciones de mercado, los plazos de venta pueden alargarse. Por este motivo, las SCPI se consideran inversiones a largo plazo.
Los ingresos potenciales que se reparten entre los socios proceden principalmente de los alquileres que percibe la SCPI. Un aumento de la tasa de desocupación, las renegociaciones de los alquileres o las dificultades a las que se enfrentan algunos inquilinos pueden reducir los ingresos repartidos.
Aunque la diversificación del patrimonio permite limitar el impacto de un acontecimiento aislado, este riesgo sigue siendo inherente a la inversión inmobiliaria.
El rendimiento de una SCPI depende también de la calidad de la sociedad gestora, del nivel de diversificación de la cartera y de la evolución del mercado inmobiliario. Una concentración excesiva en un sector de actividad o en una zona geográfica concreta puede aumentar ciertos riesgos. Del mismo modo, un empeoramiento de la situación económica puede afectar al valor de los activos en cartera y provocar una caída del precio de las participaciones.
Al igual que cualquier inversión inmobiliaria, los SCPI conllevan diversos gastos relacionados con la suscripción, la gestión y, según el caso, la reventa de las participaciones. Estos gastos sirven, entre otras cosas, para remunerar el trabajo de la sociedad gestora y los servicios asociados a la inversión.
Las comisiones de suscripción se cobran en el momento de la adquisición de las participaciones. Cubren, entre otras cosas:
Las comisiones de gestión remuneran el trabajo que realiza a diario la sociedad gestora. Incluyen:
La fiscalidad es un aspecto importante que hay que tener en cuenta antes de realizar cualquier inversión en una SCPI. El régimen aplicable depende de la forma de tenencia de las participaciones y de la situación fiscal del inversor.
Cuando las participaciones se poseen directamente, los ingresos que pueda distribuir la SCPI se gravan como rentas inmobiliarias. Están sujetos al impuesto sobre la renta según el tramo marginal de tributación del contribuyente, así como a las cotizaciones sociales vigentes (18,6 %). Por lo tanto, la rentabilidad neta percibida varía en función de la situación fiscal de cada inversor.
En el momento de la reventa de las participaciones, cualquier plusvalía que se genere puede estar sujeta al régimen de plusvalías inmobiliarias. Se aplican deducciones en función del tiempo de tenencia, de conformidad con la normativa vigente, hasta llegar a una exención total del impuesto sobre la renta tras 22 años de tenencia y de las cotizaciones sociales tras 30 años.
Las participaciones en una SCPI también pueden adquirirse en el marco de un contrato de seguro de vida. Esta solución permite combinar las características de la inversión inmobiliaria indirecta con el marco jurídico y fiscal del seguro de vida. Según los contratos, los inversores pueden así diversificar sus ahorros dentro de un mismo paquete, al tiempo que incorporan una exposición al sector inmobiliario. No obstante, la idoneidad de esta solución depende de los objetivos patrimoniales, el horizonte de inversión y el perfil de riesgo de cada uno.
El mercado de las SCPI cuenta hoy en día con numerosas soluciones de inversión con estrategias muy diferentes. Antes de invertir, es importante analizar distintos criterios para elegir una SCPI que se adapte a los objetivos patrimoniales, al horizonte de inversión y al perfil de riesgo de cada uno.
El primer paso consiste en determinar qué se espera de la inversión. Según el caso, el objetivo puede ser obtener ingresos complementarios, preparar la jubilación, diversificar el patrimonio, buscar una revalorización a largo plazo u optimizar la fiscalidad.
La composición de la cartera es un criterio fundamental. Antes de invertir, se recomienda analizar los sectores de actividad en los que se centra la inversión, la distribución geográfica de los activos y la experiencia de la sociedad gestora. Una buena diversificación contribuye a limitar la exposición a un mercado o sector específico.
Hay que analizar conjuntamente tres indicadores para obtener una visión completa de la calidad y la solidez de la SCPI:
Los ingresos que podrían distribuirse a los socios proceden principalmente de los alquileres abonados por los inquilinos de los inmuebles que posee la SCPI. Su cuantía depende, entre otras cosas, de:
Parte de la rentabilidad también puede deberse a la evolución del valor de los activos en cartera.
La tasa de distribución corresponde a la relación entre los ingresos distribuidos en un año y el precio de la participación. Este indicador permite comparar más fácilmente las diferentes SCPI presentes en el mercado. Sin embargo, la rentabilidad no debe ser el único criterio de selección. También se recomienda examinar la calidad del patrimonio, el nivel de diversificación, la tasa de ocupación financiera, la solidez de los inquilinos y la estrategia de la sociedad gestora. Al igual que cualquier inversión inmobiliaria, la SCPI debe plantearse a largo plazo para superar los ciclos del mercado y aprovechar plenamente su potencial.
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Sí. Es posible acceder a algunas SCPI a través de un contrato de seguro de vida. Esta solución permite integrar la inversión inmobiliaria indirecta en una estrategia patrimonial más global.
Sí. El valor de las participaciones puede bajar y los rendimientos distribuidos no están garantizados. Al igual que cualquier inversión inmobiliaria, las SCPI conllevan un riesgo de pérdida de capital.
Se recomienda invertir en SCPI durante un plazo mínimo de entre ocho y diez años. Este horizonte temporal permite, entre otras cosas, amortizar los gastos de suscripción y afrontar con mayor tranquilidad los ciclos inmobiliarios.
Sí. Algunos bancos financian la adquisición de participaciones en SCPI mediante un crédito. Esta solución permite invertir una cantidad mayor gracias al préstamo (efecto palanca), pero también implica la amortización del préstamo a lo largo de varios años (normalmente 10, 15 o 20 años) y, por lo tanto, debe estudiarse con detenimiento.
La cantidad mínima depende de cada SCPI. En algunas se puede invertir a partir de unos pocos cientos de euros, mientras que otras requieren una inversión mayor.
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