
Los productos estructurados atraen cada vez a más inversores que buscan un equilibrio entre rentabilidad y control del riesgo. Ni del todo acciones, ni simples bonos, estas inversiones financieras combinan varios instrumentos para ofrecer un perfil de rentabilidad a medida, a menudo acompañado de una protección parcial o total del capital invertido. Pero hay que saber cómo elegirlos. Esta guía ofrece una visión general de su funcionamiento, los mejores productos estructurados del mercado, los criterios de selección y los riesgos que hay que conocer antes de lanzarse.
Un producto estructurado es una inversión financiera creada por un emisor —normalmente un banco como BNP Paribas, Société Générale u otra entidad financiera— que combina un activo de renta fija y uno o varios productos derivados indexados a un subyacente (índice bursátil, cesta de acciones, tipos de interés, etc.).
En concreto, en la fecha de emisión, el producto establece:
El objetivo es sencillo: ofrecer una rentabilidad potencialmente superior a la de los fondos en euros o los bonos clásicos, a cambio de asumir un riesgo controlado y claro desde el momento de la suscripción.
Existen varias familias de productos estructurados, cada una de las cuales responde a un objetivo de inversión diferente:
Cada año, en una fecha de referencia preestablecida, se compara la rentabilidad del activo subyacente con su nivel inicial:
Este funcionamiento explica por qué rara vez se conoce de antemano la duración real de la inversión: puede variar entre uno y varios años, dependiendo del comportamiento de los mercados.
No existe un único producto estructurado que sea «el mejor»: la elección adecuada depende del perfil de riesgo, del horizonte de inversión y de los objetivos patrimoniales de cada inversor. No obstante, a continuación se indican los criterios objetivos que hay que comparar para seleccionar una oferta de calidad.
El producto estructurado se basa en un compromiso contractual del emisor financiero. En caso de incumplimiento por parte de este último, el inversor puede perder la totalidad o parte de su capital, independientemente de la rentabilidad del activo subyacente. Por lo tanto, es fundamental comprobar la calificación crediticia del emisor (grandes bancos franceses o internacionales con buena calificación).
Compara la barrera de protección al vencimiento: cuanto más baja sea (por ejemplo, -40 % en lugar de -20 %), mayor será el margen de seguridad antes de que se produzca cualquier pérdida de capital.
El tipo de interés nominal ofrecido debe valorarse teniendo en cuenta el nivel de riesgo asumido y la naturaleza del activo subyacente. Una rentabilidad elevada suele ir acompañada de un mayor riesgo de pérdida.
Un índice ampliamente diversificado (acciones internacionales, varios sectores) limita el riesgo específico en comparación con una cesta reducida de acciones o un único subyacente.
Algunos productos estructurados pueden revenderse antes del vencimiento en un mercado secundario, aunque con un posible descuento. También hay que comprobar los gastos incluidos en el producto (gastos de estructuración, de gestión y posibles deducciones).
Algunos productos recientes incorporan un índice «decreciente», que resta artificialmente un porcentaje fijo al rendimiento del índice subyacente cada año. Este mecanismo permite al emisor ofrecer barreras más atractivas, pero afecta negativamente al rendimiento registrado: un aspecto que hay que examinar con atención antes de comparar dos ofertas.
Se puede acceder a los productos estructurados a través de varios instrumentos: la cuenta de valores ordinaria, que ofrece un acceso directo y sin límites;el seguro de vida, en unidades de cuenta, que permite beneficiarse de un régimen fiscal ventajoso; o el plan de ahorro para la jubilación (PER), pensado para una inversión a largo plazo. La elección del instrumento tiene un impacto directo en la fiscalidad aplicable a las ganancias y en la disponibilidad de los fondos.
A pesar de su imagen de inversión «segura», los productos estructurados conllevan riesgos reales que hay que evaluar adecuadamente: una posible pérdida de capital, incluso total, más allá de la barrera de protección; un riesgo de crédito vinculado al emisor, ya que la garantía solo tiene valor si este sigue siendo solvente; un riesgo de liquidez en caso de reventa anticipada, a menudo a un precio inferior al de compra; y la complejidad del mecanismo, que exige una buena comprensión antes de la suscripción. Un producto estructurado nunca es una inversión sin riesgo, contrariamente a lo que se suele creer.
Los productos estructurados constituyen una clase de activos interesante para diversificar una cartera y aspirar a una rentabilidad potencialmente superior a la de las inversiones tradicionales, siempre y cuando se comprenda con precisión su funcionamiento. La elección del mejor producto estructurado depende, ante todo, de su perfil de riesgo, de la solidez del emisor, del nivel de protección del capital y de la calidad del activo subyacente seleccionado. Un análisis comparativo riguroso, si es necesario con el apoyo de un profesional, sigue siendo la mejor garantía de una inversión adaptada a sus objetivos.
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Es conveniente analizar, de forma conjunta, el nivel de barrera de protección, el tipo de cupón anual, la naturaleza y la diversificación del subyacente, el plazo máximo del producto, así como la calificación crediticia del emisor y las comisiones incluidas en la estructura.
Los principales riesgos son la pérdida de capital más allá del umbral de protección, el riesgo de crédito del emisor, el riesgo de liquidez en caso de reventa anticipada y la complejidad del mecanismo, que puede dificultar la evaluación del producto para un inversor sin experiencia.
La solidez financiera del emisor, el nivel de protección del capital, el tipo de cupón ofrecido, la naturaleza del activo subyacente, las comisiones y el posible mecanismo de reducción son los principales criterios que hay que analizar antes de seleccionar un producto estructurado.
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