
En cualquier operación de financiación, la cuestión de las garantías es fundamental. La pignoración del fondo de comercioes uno de los mecanismos que se utilizan con frecuencia para ofrecer seguridad a un prestamista o a un inversor, al tiempo que permite a la empresa continuar con su actividad con normalidad.
En la práctica, una empresa ofrece como garantía su fondo de comercio, es decir, el núcleo de su actividad (clientela, derecho de arrendamiento, marca, equipamiento), sin perder el uso del mismo. Por lo tanto, sigue desarrollando su actividad con total normalidad.
La principal ventaja de este mecanismo es sencilla: ofrece al acreedor prioridad en el reembolso.
Si la empresa salda su deuda, la garantía permanece «inactiva». En cambio, en caso de dificultades o de impago, el acreedor puede ordenar la venta del fondo de comercio y recuperar las cantidades adeudadas con carácter prioritario sobre el precio de venta.
Este derecho sigue siendo válido aunque el fondo se haya cedido entretanto, lo que refuerza la seguridad que ofrece esta garantía.
No todos los acreedores son iguales. Cuando hay varios, se les reembolsa siguiendo un orden concreto, determinado por la fecha de inscripción de su garantía.
Así pues, un acreedor inscrito en primer lugar tendrá prioridad sobre los siguientes. Para un inversor, este aspecto es determinante, ya que condiciona directamente las posibilidades de recuperar los fondos en caso de dificultades.
Para que sea plenamente eficaz, la pignoración debe cumplir ciertas normas. Debe formalizarse por escrito y describir claramente la deuda garantizada, así como los elementos del fondo en cuestión.
Sobre todo, deberegistrarse oficialmente. Sin este trámite, la garantía no puede hacerse valer frente a otros acreedores, lo que limita en gran medida su interés.
En caso de impago, el acreedor no puede actuar de inmediato. Primero debe enviar un requerimiento de pago a la empresa y, a continuación, iniciar un procedimiento ante el tribunal de comercio.
Si no se regulariza la situación, el tribunal puede autorizar la venta del patrimonio. El producto de dicha venta se distribuye posteriormente entre los acreedores, en función de su orden de prelación.
La pignoración del fondo de comercio constituye, por tanto, una garantía sólida, muy utilizada en la práctica. Permite asegurar una financiación sin paralizar la actividad de la empresa.
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